Null ESCUELA DE PINTORES AMBULANTES.
La Danza de la Luna Llena en Rangún. 
Acuar…
Descripción

ESCUELA DE PINTORES AMBULANTES. La Danza de la Luna Llena en Rangún. Acuarela sobre cartulina firmada, fechada en 1876 y situada Ranguun (Rangún en Birmania) abajo a la derecha. El fondo muestra la pagoda Shwedagon delante de la cual se celebra cada año el gran festival de la luna llena. Siglo XIX. Tamaño: 23 x 31,5 cm.

325 

ESCUELA DE PINTORES AMBULANTES. La Danza de la Luna Llena en Rangún. Acuarela sobre cartulina firmada, fechada en 1876 y situada Ranguun (Rangún en Birmania) abajo a la derecha. El fondo muestra la pagoda Shwedagon delante de la cual se celebra cada año el gran festival de la luna llena. Siglo XIX. Tamaño: 23 x 31,5 cm.

Las pujas estan cerradas para este lote. Ver los resultados

Podría interesarle

JOAQUÍN DOMÍNGUEZ BÉCQUER (Sevilla, 1817 - 1879). "Pareja andaluza". Óleos sobre tabla (x2). Tienen marcos del siglo XIX. Firmados en la parte inferior izquierda. Medidas: 63 x 47,5 cm (x2); 72 x 58,5 cm (marcos, x2). Pareja de óleos con el mismo tema y composición, lo que indica que fueron concebidos originalmente juntos. Uno de ellos presenta a una dama vestida a la moda de la época, mientras que el otro presenta a un hombre siguiendo la moda regional. El tema costumbrista hunde sus raíces en la visión romántica que, entre otros aspectos, presta especial atención a aquellas costumbres tradicionales, populares o típicas que reflejan lo que se entiende como la genuina forma de ser y vivir de la gente del pueblo, sus tradiciones y valores, y lo hace, además, desde una perspectiva mítica e idealizada en la que las clases populares, especialmente las del medio rural, se oponen siempre al modelo que personifica la ciudad en expansión, crecida al calor de la industrialización. Este modelo de costumbrismo asumido en el Romanticismo pervive durante mucho tiempo en la cultura pictórica europea del siglo XIX, ya que el Realismo posterior, aunque a veces introduce una visión más objetiva y desapasionada y centra su atención en la dureza del trabajo, sigue difundiendo imágenes de campesinos y sus tareas, costumbres rurales, oficios tradicionales, en definitiva, mucho de lo que se temía que desapareciera en pocas décadas. Joaquín Domínguez Bécquer aprendió los primeros rudimentos del arte de la pintura de su primo José, iniciador de esta destacada dinastía de pintores, y a su vez fue maestro de su sobrino Valeriano Bécquer, hermano de Gustavo Adolfo. El joven pintor ingresó entonces en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Sevilla, institución de la que, con el paso de los años, llegaría a ser profesor y director, así como académico desde 1847. Fue también miembro de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, uno de los fundadores del Liceo Artístico de su ciudad natal, y recibió el encargo de Isabel II de dirigir las obras pictóricas realizadas con motivo de la restauración de los Reales Alcázares de Sevilla. Fue pintor de cámara honorario de la reina desde 1850, así como profesor de dibujo de sus sobrinos. Máximo exponente de la pintura costumbrista sevillana, considerado creador de la escuela romántica sevillana, se dedicó también al retrato y a la pintura de historia. Su estilo, de gran corrección académica derivada de un profundo conocimiento de la pintura española antigua, se caracterizó por el sentido escenográfico de sus pinturas al aire libre, con un rico juego de sellos que dan profundidad a las obras. La relevancia de Domínguez Bécquer en la Sevilla de mediados del siglo XIX le permitió acceder al selecto círculo de amigos de los duques de Montpensier, establecidos en la ciudad hispalense en 1848 y principales mecenas y promotores de la renovación del panorama artístico local. Especialmente, durante estos años la pintura de género experimentó un gran desarrollo, que difundió el mito romántico de España con Andalucía como centro absoluto del encanto exótico que los viajeros extranjeros buscaban en la Península. Domínguez Bécquer participó en este costumbrismo español en numerosas ocasiones. Domínguez Bécquer está representado en el Museo del Prado, el Museo San Telmo de San Sebastián, el Museo del Romanticismo de Madrid, el Museo Bonnat de Bayona, los Museos de Bellas Artes de Sevilla y Huelva, y el Museo Thyssen-Bornemisza, entre otros.

Atribuido a VIVIANO CODAZZI (Italia, 1604/06 - 1670). "Capriccio". Óleo sobre lienzo. Revestido. Presenta una restauración antigua y algunas pérdidas. El marco presenta faltas en el dorado. Medidas: 100 x 126 cm; 110 x 136 cm (marco). Pintura de escuela italiana y época barroca atribuida a Viviano Codazzi. La calidad pictórica y el tema de las ruinas sublimadas mediante fantasías arquitectónicas lleva a los expertos a deducir la autoría de este gran pintor italiano. Bajo un cielo cubierto de nubes cargadas de viento, se recorta imponente una arquitectura ruinosa que condensa atributos de diferentes templos grecorromanos, de los que sólo quedaba el recuerdo y la anotación de algún viajero. Las altas columnas corintias están carcomidas por la edad y las cicatrices de la guerra. Las estatuas han perdido la cabeza o las extremidades, y el musgo crece en cada grieta. La vida de los grupos humanos diseminados entre la laguna y los pórticos es relajada. Su indumentaria es típica de la época a la que pertenece el pintor. Destacan la calidad del contraluz y las acertadas gamas cromáticas que realzan la belleza arquitectónica y su misterio. Pintor barroco italiano nacido en Valdassina, cerca de Bérgamo, Viviano Codazzi se especializó en la pintura de arquitectura, abarcando varios géneros como la "quadratura" (género decorativo derivado del trompe l'oeil), la pintura de ruinas o los "capricci", aunque también pintó varias "vedute". De hecho, hoy se le reconoce como uno de los primeros pintores de "vedute", tanto en su vertiente fantástica como realista, y de hecho su obra ejercerá una notable influencia en Canaletto y Bernardo Bellotto. Desarrolló un lenguaje personal que, frente al carácter heroico del paisaje derivado de los Carracci, interpreta con imaginación edificios y ruinas, pero siempre respetando la verosimilitud, jugando con la iluminación para obtener efectos expresivos típicamente barrocos, que realzan el aspecto de los edificios de aspecto antiguo, poblados por pequeños personajes populares. Codazzi creció en Roma, adonde se trasladó su familia en 1605, y ya adulto se instaló en Nápoles hacia 1633. Allí se formó como discípulo de Cosimo Fanzago, y su estilo maduró, centrándose en la pintura arquitectónica. En Nápoles trabajó en encargos como los de la Certosa di San Martino, obtenidos a través de Cosimo Fanzago, también nacido en Bérgamo. Su principal proyecto en Nápoles fue una serie de cuatro grandes lienzos que representaban escenas de la Antigua Roma para el Palacio del Buen Retiro de Madrid, incluido uno que representaba el combate de gladiadores en el Coliseo. Al tratarse de un pintor especializado en pintura arquitectónica, las figuras de esta serie fueron realizadas por Domenico Gargiulo. De hecho, este tipo de colaboración sería una constante en su carrera. Gargiulo fue su principal colaborador en Nápoles, pero tras regresar a Roma a raíz de la revuelta de Masaniello en 1647, Codazzi trabajará con los Bamboccianti, en su mayoría pintores holandeses, y especialmente con Michelangelo Cerquozzi y Jan Miel. También colaboró con Filippo Lauri, Adrien van der Cabel y Vicente Giner, ya en la década de 1660. Los Bamboccianti, pintores reunidos en torno a la figura de Pieter van Laer "Bamboccio", ejercerán una notable influencia en el estilo maduro de Codazzi. Tuvo varios discípulos y fieles seguidores, entre ellos Ascanio Luciano y Andrea di Michele, en Nápoles, y también su hijo Niccolò Codazzi, Vicente Giner (que se estableció en España) y Domenico Roberti. Dentro de su producción destaca por su originalidad su representación de la "Basílica de San Pedro" (1636), obra insólita dentro del género de la "veduta". Pintado en Nápoles, este cuadro muestra la antigua entrada del palacio vaticano, destruida cuando se construyeron la Sala Regia y la columnata de Bernini, así como dos campanarios basados en un grabado del proyecto del arquitecto Martino Ferabosco, que nunca llegó a construirse. Una de sus obras más conocidas es la representación de la revuelta de los Masaniello en la plaza del Mercato de Nápoles, con figuras de Cerquozzi, que realizó para el cardenal Bernardino Spada en 1648 (actualmente en la Galería Spada de Roma). Aparte de estas obras singulares, la mayoría de sus cuadros son pinturas de formato medio, protagonizadas por arquitecturas en entornos paisajísticos. Actualmente se conservan obras de Viviano Codazzi en el Museo del Prado, el Louvre, el Bowes Museum de County Durham (Reino Unido), el Indiana University Art Museum, el Minneapolis Institute of Art y el Walters Art Museum, entre otras colecciones públicas y privadas.