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Guido Albanello (1952) Venecia. Vista de la ciudad desde la isla de San Giorgio Maggiore Litografía sobre papel 80,8 x 158,8 cm Firma: «Guido Albanello» en la plancha Fecha: «MMIV» (2004) Otras inscripciones: título y editor en la plancha; indicación de la tirada («331/600») a pluma en el anverso Elementos distintivos: en el anverso, sello en seco «Gilberto Padovani Editore» Procedencia: Veneto Banca SpA en LCA Estado de conservación. Soporte: 95 % Estado de conservación. Superficie: 95 % Para asistencia directa por WhatsApp antes y durante la subasta en directo: +39 346 12 999 80 // Asistencia directa por WhatsApp antes y durante la subasta: +39 346 12 999 80 En una carta de 1934, así recuerda el poeta Camillo Sbarbaro (1888-1967) el origen de la obra: «Por suerte, un verano me topé con ese escultor tan dominante que es Arturo Martini. Lo encontré en un tugurio de Albisola donde, por así decirlo, estaba dando a luz a una de sus terracotas: el busto de una niña con trenzas recogidas, un gorrito y una timidez ensueñada en su rostro ya serio. La imagen aún estaba sin vida. “Ahora la voy a despertar”, nos dijo. Aquel trozo de terracota estaba vivo para él; no solo se entendía por la frase y la voz, sino por la forma en que lo manejaba: vivo y merecedor de respeto. Cada detalle se hacía realidad en cuanto se articulaba; encajaba; iluminaba la obra, le daba su propio aire» (C. Sbarbaro, «Scampoli», Florencia 1960, p. 77, citado también en S. Riolfo Marengo, «Camillo Sbarbaro, Angelo Barile y la “Nena” de Arturo Martini» en «Risorse», marzo de 1988, y en N. Stringa, «Arturo Martini», Roma 2005, pp. 90-91). «Nena» es el apodo familiar con el que se conocía en casa de los Martini a su hija María, a quien el escultor representa en terracota con unos 9 o 10 años, imaginándola —como él mismo cuenta en una carta de 1932 al crítico Gino Damerini, dada a conocer recientemente por Nico Stringa («Arturo Martini. La magia de la cerámica. Las terracotas y las mayólicas de la colección Costantino Barile», catálogo de la exposición, Contini, Cortina, 29 de diciembre de 2018 - 22 de abril de 2019, p. 14) —mientras se aleja asomada a la ventanilla del tren, de camino al internado. La base reproduce el espacio de la ventanilla, proyectando así la figura hacia nosotros. La obra tuvo un enorme éxito, lo que convenció a Martini para producir más ejemplares, en terracota y en terracota refractaria; el primero de ellos se expuso en Turín en 1930 con el título «Mi niña», pasando a formar parte de las Colecciones Reales. Como recuerda Valerio Terraroli, en un comentario sobre otro ejemplar (Edgallery, Piacenza), el propio Carrà habla de ella con entusiasmo: «Aquí, la observación realista tiende a convertirse en estilo y armonía lineal, y la materia ya vibra con un nuevo rigor de verdad natural que ya no es solo arquitectura de volumen, sino forma contenida y sentimiento poético» (Carrà 1933, citado en «Arturo Martini» 2014, p. 60). Si bien en todas sus obras Martini muestra que vuelve a reflexionar sobre el tema de la melancolía, la terracota de Veneto Banca se caracteriza por una mayor inmediatez y sencillez de gesto, evidente también en la tierra dejada al natural, y, en conjunto, por un efecto de pureza más marcado.