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EDGAR BUNDY (Brighton, 1862–Londres, 1922). «La visita del primo de provincia». Óleo sobre lienzo. Firmado en la esquina inferior derecha. Dimensiones: 46 x 60 cm; 57 x 72 cm (con marco). La obra que se subasta es un atractivo ejemplo de la pintura costumbrista de Edgar Bundy, caracterizada por la representación de episodios anecdóticos ambientados en épocas pasadas y ejecutados con un marcado carácter narrativo. La llegada de una joven procedente de provincias —identificable por su cesta y su atuendo— perturba la tranquilidad del elegante caballero sentado frente a ella, dando lugar a una escena concebida casi como una pequeña representación teatral. Los gestos y las miradas impulsan la narración, mientras que la meticulosa representación de los tejidos, el mobiliario, las alfombras, la cristalería y los objetos decorativos —enriquecida por una cálida paleta de rojos, verdes y dorados— recrea fielmente la atmósfera de un interior del siglo XVIII. El gato dormido en primer plano aporta un toque de vida cotidiana y humor. Esta combinación de escenario histórico, anécdota, teatralidad y riqueza descriptiva es especialmente característica de Bundy y explica el atractivo de sus escenas dentro de la pintura británica de finales del siglo XIX y principios del XX. Pintor especializado en obras historicistas, Edgar Bundy aprendió parte de su oficio en el taller del pintor Alfred Stevens (1817-1875) cuando era niño. Su estilo es descriptivo y detallado, muy narrativo, y en consonancia con el gusto historicista tan de moda durante la época eduardiana en la que vivió. Entre las influencias en su obra se encuentran los prerrafaelitas, como John Millais y William Morris, así como los escritos de John Ruskin. Expuso en la Royal Academy en 1915 y en el Salón de París en 1907. También llegó a ser miembro de numerosas sociedades artísticas, entre ellas el Real Instituto de Pintores en Acuarela y la Real Sociedad Británica de Artistas Coloniales. Actualmente, su obra se puede contemplar en la Tate Gallery de Londres. Como se aprecia en este cuadro, Bundy solía utilizar una rica paleta de colores que se filtraba en su lienzo y daba vida a sus motivos. Los críticos solían elogiarlo por muchos de estos elementos, describiendo sus obras como «claramente definidas», «bien dibujadas y bien pintadas», con un estilo «hábilmente compuesto» que permitía una coherencia narrativa.