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ÓSCAR DOMÍNGUEZ (La Laguna, Tenerife, 1906 – París, 1957). «Pájaros mecánicos», hacia 1952. Óleo sobre lienzo. Firmado en la esquina inferior derecha. En el reverso, una etiqueta de Sotheby’s Parke Bernet, París (3, rue de Miromesnil), con las referencias «ANAVI», «O. DOMÍNGUEZ» y «LOTE 60». Acompañado de un certificado de autenticidad expedido por Ana Vázquez de Parga, con fecha del 10 de septiembre de 2012. La superficie del cuadro presenta grietas. Dimensiones: 46 x 61 cm; 59 x 75,5 cm (con marco). Pintada hacia 1952, esta obra pertenece a una etapa especialmente significativa en la trayectoria de Óscar Domínguez, marcada por la evolución de su imaginería surrealista hacia un lenguaje de creciente abstracción geométrica, bajo la influencia del cubismo y, especialmente, de Pablo Picasso. El título, *Pájaros mecánicos*, hace referencia a uno de los motivos recurrentes en su obra de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950: la transformación de los pájaros en organismos híbridos, a medio camino entre la naturaleza y la máquina. Esta iconografía encuentra paralelismos en obras como *Pájaros aviones* (1950) y en otra composición titulada *Pájaros mecánicos* (1952), realizada en gouache y tinta china, que actualmente forma parte de la Colección BBVA. En esta composición, las formas aviares se descomponen en una red de contornos angulares, estructuras triangulares y líneas de un rojo intenso que se entrecruzan con siluetas oscuras. Sobre un fondo de tonos ocres, verdes y marrones, estos elementos evocan a la vez aves, flechas y máquinas voladoras, creando una escena de un dinamismo sorprendente. La tensión entre lo orgánico y lo artificial —un rasgo característico del universo de Domínguez— adquiere aquí una dimensión especialmente evocadora, en la que las referencias al vuelo y a la maquinaria pueden interpretarse a través del prisma de la Europa de la posguerra. La obra forma parte de las exploraciones formales que el artista llevó a cabo durante su denominado «período esquemático», vinculado a su experimentación con la triple línea que comenzó en 1948. Durante esos años, Domínguez evolucionó hacia composiciones de mayor rigor estructural, en las que el dibujo y la geometría adquirieron un papel cada vez más destacado sin desplazar por completo las asociaciones irracionales características del surrealismo. La fusión de aves y mecanismos constituye, en este sentido, una manifestación de su persistente interés por la metamorfosis, traducida en un vocabulario visual más sintético y constructivo. Reviste especial interés documental la etiqueta de Sotheby’s Parke Bernet que se conserva en el reverso, la cual vincula la obra a la subasta de la colección de Hélène Anavi, celebrada en Londres los días 27 y 28 de marzo de 1984. Además, cuenta con un certificado de autenticidad expedido por Ana Vázquez de Parga, especialista en la obra de Domínguez y comisaria de su exposición retrospectiva presentada en el Museo Reina Sofía en 1996. Óscar Domínguez, figura clave del surrealismo internacional, pasó gran parte de su carrera en París, donde se integró en el círculo de André Breton durante la década de 1930. Entre sus aportaciones destaca el desarrollo de la técnica de la decalcomanía, un proceso automatista que tuvo un impacto significativo entre los surrealistas. Su vínculo con la vanguardia canaria fue igualmente decisivo en la organización de la Exposición Internacional Surrealista de Tenerife de 1935. Tras la Segunda Guerra Mundial, su lenguaje artístico fue incorporando gradualmente nuevas soluciones formales, en estrecho diálogo con la pintura de Picasso, al tiempo que conservaba una personalidad inconfundible. Su obra está representada en instituciones como el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, el Centro Pompidou de París y el TEA Tenerife Espacio de las Artes.
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