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Discípulo de BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO (Sevilla, 1617-1682); siglo XVIII. «San Francisco». Óleo sobre lienzo. Reentelado. Dimensiones: 160 x 106 cm; 175 x 119 cm (con marco). Representación de San Francisco de Asís arrodillado en actitud de profunda oración y contemplación, siguiendo uno de los modelos iconográficos más extendidos asociados a la obra temprana de Bartolomé Esteban Murillo. El santo aparece inmerso en un entorno oscuro y cavernoso, con las manos juntas y el rostro alzado hacia una fuente de luz que sugiere la presencia divina. A sus pies, una calavera sirve como referencia explícita a la fugacidad de la existencia terrenal y a la meditación sobre la muerte. El tratamiento de la figura refleja un enfoque naturalista de la pintura religiosa, en el que la emoción se transmite a través de medios sobrios y gestos reconocibles. La pintura sigue el modelo compositivo de *San Francisco de Asís en oración*, obra de Bartolomé Esteban Murillo realizada hacia 1645-1650 y conservada en la catedral de Nuestra Señora de Amberes, en Bélgica. Este prototipo pertenece a la primera etapa del artista sevillano, cuando su lenguaje pictórico aún estaba estrechamente vinculado al naturalismo tenebrista, antes de evolucionar hacia las composiciones luminosas y etéreas, con mayor suavidad cromática, que caracterizarían su obra madura. En esta fase temprana, Murillo demostró una especial capacidad para plasmar la espiritualidad franciscana a través de figuras de intenso carácter humano, situadas en entornos contemplativos y con luz tenue. Este cuadro capta con precisión esa sensibilidad, así como la pose de la figura y las técnicas expresivas que hicieron que este modelo fuera especialmente reconocible. La versión aquí catalogada, pintada en el siglo XVIII por un seguidor del maestro, es un ejemplo de la influencia perdurable del estilo de Murillo y del prestigio del que la pintura sevillana siguió gozando en los círculos religiosos europeos.
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