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MARIANO SALVADOR MAELLA (Valencia, 1739 – Madrid, 1819). «La Inmaculada Concepción». Óleo sobre lienzo. Reentelado. Presenta signos de repintado. Dimensiones: 83 x 57 cm; 90 x 64 cm (con marco). Este cuadro de la Inmaculada Concepción forma parte de la tradición de la pintura religiosa de Mariano Salvador Maella, figura destacada de la renovación artística promovida por la Corona durante los reinados de Carlos III y Carlos IV. La composición revela interesantes similitudes con varias versiones de este tema pintadas por el artista y conservadas en las principales colecciones públicas españolas. La silueta general de la Virgen guarda un gran parecido con la figura que Maella pintó en 1778 para el altar de la Capilla Nueva del Palacio de Aranjuez, aunque en aquella versión sus manos están cruzadas sobre el pecho, mientras que en la obra que aquí se presenta están unidas en un gesto de oración. Esta última disposición encuentra paralelismos en otras interpretaciones del tema atribuidas al pintor. Resulta especialmente significativa la comparación con la Inmaculada Concepción que se conserva en el Museo de Huelva, fechada en 1790, con la que comparte similitudes en la concepción general de la figura mariana, la disposición del manto y, en particular, la organización del espacio celestial. La presencia de querubines en la parte superior y de angelitos en la parte inferior establece un diálogo compositivo con esa versión, reforzado por la aparición, en la esquina inferior izquierda, de un ángel que sostiene la palma del martirio. Asimismo, se pueden observar puntos de similitud con la Inmaculada Concepción de Maella, conservada en el Museo del Prado (P007602), fechada en 1781, sobre todo en la concepción de la figura de la Virgen, la disposición de sus manos y el tratamiento del manto. Estos paralelismos nos permiten situar el cuadro dentro del repertorio iconográfico desarrollado por el artista para representar uno de los temas fundamentales de la devoción mariana del siglo XVIII. La comparación con estas versiones documentadas confiere un interés especial a la obra, ya que nos permite estudiar la evolución y la repetición de los modelos compositivos en la producción religiosa de Maella. Nacido en Valencia en 1739, Mariano Salvador Maella se formó en Madrid con el escultor Felipe de Castro y, posteriormente, en la recién fundada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde fue alumno de Antonio González Velázquez. En 1757 viajó a Roma para completar su formación, sumergiéndose en el panorama artístico italiano. A su regreso, la influencia de Anton Raphael Mengs resultó decisiva en la evolución de su lenguaje pictórico hacia los ideales del clasicismo académico, sin abandonar por completo la riqueza expresiva de la tradición barroca.Su distinguida carrera estuvo estrechamente vinculada a la corte. A partir de 1774, año en que fue nombrado pintor de la corte, participó en importantes proyectos decorativos para el Palacio Real de Madrid y otras residencias reales, al tiempo que desempeñaba funciones en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Su prestigio institucional se consolidó gracias a su labor docente y administrativa en la Academia de San Fernando, de la que acabó siendo director, y alcanzó su punto álgido en 1799, cuando Carlos IV le concedió el título de Primer Pintor del Rey, título que compartía con Francisco de Goya. La presencia de las obras de Maella en colecciones de primer orden —como el Museo del Prado, el Patrimonio Nacional, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y el Museo de Bellas Artes de Valencia— confirma la importancia de su legado dentro de la pintura española de la época de la Ilustración. Muestra signos de haber sido repintada.
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