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14 - DARÍO DE REGOYOS (Asturias, 1857 - Barcelona, 1913).

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DARÍO DE REGOYOS (Asturias, 1857 - Barcelona, 1913). «Granja de Bélgica», 1881. Óleo sobre lienzo. Firmado y fechado en la esquina inferior izquierda. En el reverso del bastidor, el artista escribió a lápiz «A mon ami E. Baudot». Presenta una etiqueta en el reverso de la «Exposition Générale des Beaux-Arts». Se adjunta certificado de Juan San Nicolás. Agradecemos a Juan San Nicolás Santa María su inestimable ayuda en la catalogación de este lote. Dimensiones: 63 x 53 cm, 87 x 96 cm (con marco). «Granja de Bélgica» constituye un documento excepcional de la etapa preimpresionista de Darío de Regoyos, un período en el que el artista se desmarca definitivamente de la tradición académica española para sumergirse en la vanguardia europea. Pintada durante su estancia en Bruselas y coincidiendo con su incorporación al círculo de L’Essor, la obra captura una escena rural belga con una granja y aves de corral, un tema que sería recurrente a lo largo de su carrera. La composición destaca por una magistral interpretación atmosférica, típica de un día nublado de primavera, en la que la luz difusa elimina los contornos marcados y genera sombras suaves que envuelven el paisaje con una sensibilidad casi lírica. Técnicamente, el lienzo muestra la dualidad de un artista en plena evolución: mientras que los árboles y la arquitectura de la granja están resueltos con notable precisión, el tratamiento del camino y la vegetación baja revela una sorprendente libertad plástica para la época, mediante el uso de la espátula y una pincelada material que anticipa su futura deriva hacia el impresionismo y el puntillismo. El valor histórico de la obra se ve realzado por su procedencia. Su primer propietario fue Eugène Baudot, un destacado violinista belga y miembro del círculo íntimo de amigos de Regoyos, del que también formaban parte músicos como Isaac Albéniz y Arbós. La obra no solo es un testimonio de la maestría técnica del pintor, sino también de los vínculos interdisciplinares de la vida bohemia de Bruselas a finales del siglo XIX. Avala su autenticidad el certificado de D. Juan San Nicolás, y la importancia de este cuadro queda refrendada por su participación en la Exposición General de Bellas Artes de 1884, celebrada en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. Formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde estudió pintura de paisajes con el artista belga Carlos de Haes como profesor. Fue entonces cuando los conocimientos del artista asturiano comenzaron a ampliarse hacia las corrientes paisajísticas belgas, un gusto e interés que desarrolló al viajar a Bélgica en 1879. La estancia en Bruselas resultó enriquecedora para Regoyos, que asistió como alumno a la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas. Sin embargo, el academicismo imperante en la institución llevó al artista a abandonarla, y recurrió al antiguo profesor de Carlos de Haes, Joseph Quinaux, con el fin de adquirir nuevas técnicas. Regoyos se integró perfectamente en su nuevo lugar de residencia, donde conoció a un gran número de artistas, poetas y escritores, de quienes aprendió y con los que se completó como artista. Su reconocimiento fue en aumento gracias a su dinamismo y su talento artístico, lo que le permitió entrar a formar parte del famoso Círculo del XX (activo entre 1883 y 1894). Podría decirse que fue a partir de entonces cuando la carrera artística de Regoyos comenzó a madurar. En 1886, el artista asturiano desarrolló una etapa puntillista impulsada por la participación de Georges Seurat en una de las exposiciones celebradas en el Círculo de los XX. La conmoción y el impacto causados por el tratamiento pictórico de Seurat provocaron la creación de un grupo puntillista, en el que participó Darío de Regoyos. Este movimiento innovador atrajo a artistas impresionistas franceses como Paul Signac, otra referencia en la técnica artística de Regoyos. Tras la disolución de Los XX en 1893, Regoyos decidió regresar a España, donde el panorama artístico era limitado, ya que las nuevas tendencias aún no habían llegado desde Francia. Podría decirse que este fue el final de su periodo de aprendizaje, al convertirse en maestro de artistas liberados del «sorollismo» arraigado en el ámbito de la pintura paisajística, y animándoles a difundir sus ideas a través de los medios de comunicación de la época. La trayectoria expositiva del artista asturiano abarcó un gran número de ciudades, como Bilbao, Fráncfort, Berlín, La Haya, Venecia, Bayona, San Sebastián, Londres, Ciudad de México, Burdeos y Buenos Aires, entre otras. También está presente en instituciones como el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional de Arte de Cataluña en Barcelona, el Museo de Bellas Artes de Bilbao y la Colección Gerstenmaier, entre muchos otros museos e instituciones.

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