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23 - MIQUEL BARCELÓ (Felanitx, Mallorca, 1957).

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MIQUEL BARCELÓ (Felanitx, Mallorca, 1957). «Fruits Dogon n.º 4», 1994. Óleo y técnica mixta sobre cartulina. Firmado en la esquina inferior derecha. Fechado «30.1.94» en la esquina inferior izquierda. Bibliografía y exposiciones: Miquel Barceló, Timothy Taylor Gallery, del 18 de marzo al 25 de abril de 1998, con textos de John Berger (reproducidos en color). Acompañada de un certificado de autenticidad expedido por Manel Mayoral Alavedra, director de la Galería de Arte Manel Mayoral, Barcelona, el 5 de octubre de 2006. Dimensiones: 49 x 65 cm; 74 x 88 cm (con marco). Fechada en enero de 1994, «Fruits Dogon n.º 4» pertenece a un periodo especialmente prolífico en la exploración que Miquel Barceló realizó del papel como entidad viva, más que como mero soporte. La composición retoma uno de los géneros centrales de su carrera —el bodegón—, aquí reducido a cinco formas orgánicas —frutas en proceso de secado— dispuestas sobre una superficie casi desnuda. A través del volumen del pigmento y la adición de material, los elementos adquieren una presencia tridimensional y casi escultórica. Barceló trabaja con una paleta austera de ocres, amarillos, tonos tierra y negros. Las frutas emergen de la superficie a través de acumulaciones de material y huecos, mientras que las líneas oscuras que las rodean sirven al mismo tiempo de contornos y de sombras proyectadas. El amplio espacio vacío adquiere un papel central: en contraste con la densidad física de las formas, el cartón conserva su tono, textura y rastros de manipulación, creando una tensión entre la representación formal y la realidad física. Esta obra marca la plena consolidación de las exploraciones artísticas que inició tras sus primeras estancias en África a finales de la década de 1980. Durante este periodo, el artista sometió el papel a procesos que implicaban humedad, abrasión, deformación y la incorporación de materiales orgánicos o minerales: un enfoque físico del bodegón que instituciones como el Louvre han identificado como crucial para su obra. Barceló no se limita a pintar alimentos u objetos; más bien, transforma su propia sustancia en pintura, dotando a la imagen de una cualidad táctil y casi arqueológica. La importancia de este periodo quedó confirmada institucionalmente poco después por dos exposiciones fundamentales: la organizada por el Centro Pompidou en 1996 (Miquel Barceló. Impressions d’Afrique 1988–1995) —el marco cronológico en el que se inscribe esta obra— y la gran retrospectiva del Museo Reina Sofía en 1999 (Miquel Barceló: Obras sobre papel, 1979–1999), que se centró en el paso del tiempo y la materia orgánica como temas centrales de su obra gráfica. Miquel Barceló es una de las figuras de mayor renombre internacional del arte contemporáneo español. Galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1986) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2003), su reputación internacional se consolidó desde muy temprano gracias a su participación en la Bienal de São Paulo de 1981 y en la Documenta 7 de Kassel en 1982. También ha realizado importantes proyectos monumentales, entre los que destacan la instalación en la Capilla del Santísimo Sacramento de la catedral de Mallorca y la cúpula de la Sala de Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones de la ONU en Ginebra, inaugurada en 2008. Su obra forma parte de las colecciones del Museo Reina Sofía de Madrid, del Centro Pompidou de París y del MoMA de Nueva York, entre otras instituciones internacionales de primer orden.

Texto traducido por DeepL.
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